Opinión

PAZ SOCIAL

PAZ SOCIAL

Opinión de Ignacio Hernández Masses, Consejero y Presidente AOA Asociación de Oficinas de Arquitectos.

19-11-2019

Nuestra nación se enfrenta a un escenario desconocido y nuevo. La sociedad (no solo en Chile), vive un cambio de estructuras de liderazgo muy potente, en las que la figura del liderazgo clásico; poder ejecutivo, poder legislativo, fuerza pública, partidos políticos, iglesias y gremios entre otros, ya no son suficientes, se ha fragmentado en muchas otras dimensiones e instancias este poder y son estas mismas estructuras clásicas las llamadas a unirse entre ellas, incorporando por cierto, a las nuevas fuerzas de la sociedad civil en pos de un bien superior que facilite los legítimos y urgentes cambios que la sociedad reclama, esto es paz y sociedad justa.

La anhelada paz, solo será posible si un grupo potente y transversal de líderes de todo el espectro político y social se alinea virtuosa y humildemente, tras el objetivo que nunca debemos perder de vista; el bien común de nuestro pueblo.

Ya estamos dolorosamente notificados de las demandas y de la magnitud del reclamo, tenemos una democracia plena y un estado de derecho, aunque operando progresivamente en niveles decrecientes, en gran medida por un cuestionamiento, degradación y falta de legitimidad que nosotros mismos hemos generado al debilitar el orden público. Avanzamos peligrosamente en la “normalización de la violencia” y la desobediencia civil, camino que debemos abandonar y exigir abandonar a quienes delegamos nuestras voces políticas, gremiales y profesionales.

Vandalizar hasta el ensañamiento infraestructura como el Metro, tal vez la más virtuosa en corregir las desigualdades territoriales de nuestra capital, así como una enorme cantidad de edificios, supone vandalizar nuestra propia sociedad.  Ya no quedan holguras de tiempo ni reservas emocionales para permitir o facilitar el vandalismo.

Somos optimistas, pero no ingenuos ni voluntaristas, existen grandes tensiones antagónicas, vanidad, egoísmo y hasta miseria entre algunos de nuestros líderes, aun cuando también existe mucha virtud, generosidad y altura de miras en muchos otros de nuestros líderes en todos los sectores políticos y gremiales, pues ninguno tiene el patrimonio de la virtud ni el de la vileza.

Confío que un mejor Chile nacerá de este violento proceso, pero es urgente e ineludible que facilitemos este nacimiento procurando desde ya una “sala de parto pacífica” pues estos niveles de violencia y destrucción no pueden ser soportados sin arriesgar escenarios de desgobierno que pueden fracturar violentamente nuestra convivencia de manera estructural.

Exijamos a nuestros líderes, referentes y a nosotros mismos, a renunciar a todo aquello que no contribuya vigorosamente el objetivo superior de un Chile mejor para todos.