Opinión

«Nos interesa recuperar la conciencia del buen vivir», Marés Sandor, nueva consejera representante de las Facultades de Arquitectura

«Nos interesa recuperar la conciencia del buen vivir», Marés Sandor, nueva consejera representante de las Facultades de Arquitectura

Opinión de Marés Sandor Vallespir, Consejera CNDU y Decana de la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad Católica de Temuco,

12/10/2020

La realidad del desarrollo urbano en Chile es sumamente compleja y variada. Si bien es cierto que, de acuerdo a los datos recogidos en el último censo, una amplia mayoría de la población declara habitar en zonas urbanas, las características específicas de estas son diversas y heterogéneas. Generalizar y operar bajo un solo paradigma, por lo tanto, pone en riesgo nuestra capacidad para comprender que detrás de diferentes ciudades, existen diferentes formas de habitar el espacio, las que se corresponden, asimismo, con diferentes tipos de realidades sociales y culturales, necesarias de considerar si es que queremos avanzar hacia un país más integrado y justo para todos y todas.

Resulta necesario que ajustemos nuestra mirada y evaluemos el paradigma según el cual nos hemos aproximado a la noción de desarrollo urbano en Chile. El trabajo realizado en el Consejo Nacional de Desarrollo Urbano a lo largo de los años ha permitido construir un sistema de indicadores que evidencian la variada realidad de nuestras ciudades, a la vez que proponer un estándar mínimo común como aspiración futura. En atención a esto, un primer paradigma de ciudad se asocia a las ciudades metropolitanas, tales como Santiago, Valparaíso o Concepción. Un segundo paradigma, el de las ciudades capitales regionales, que aspiran a esa condición metropolitana, como La Serena-Coquimbo, Temuco-Padre Las Casas o Antofagasta, cuyo radio urbano ha aumentado considerablemente durante las últimas décadas. Es en estos procesos de crecimiento, a veces desmedido o descontrolado, donde se hacen patentes problemas que luego, una vez alcanzada la escala de ciudad metropolitana, se vuelven derechamente incontrolables o de difícil solución, como la congestión, la contaminación y el manejo de residuos, la segregación, la delincuencia, la pérdida de áreas verdes o la indisponibilidad o dificultad de acceso a los servicios urbanos, por citar solo algunos.

¿Es deseable el cumplimiento de los mismos estándares de ciudad como respuesta a contextos geográficos, económicos, culturales y sociales tan diversos?

Tampoco podemos olvidar que existe una dimensión administrativa y económica muy distinta entre gobiernos comunales, tema que se ha discutido bastante al interior del Consejo. En el caso de las ciudades metropolitanas, se resolvería con la figura de un alcalde mayor, que en el marco de la Ley de Fortalecimiento de la Regionalización se confía en parte al futuro Gobernador Regional electo, la creación de la División de Infraestructura y el Departamento de Áreas Metropolitanas, entre otras innovaciones cuya implementación y resultado son aún inciertos.

Sin embargo, esta figura no es aplicable a la mayoría de las ciudades chilenas. Las realidades comunales, sus presupuestos y sus capacidades de gestión son diversas, en muchos casos la existencia de recursos da origen a interesantes sinergias en capacidades de la administración local y participación de la comunidad, con resultados notables; en otros, coinciden la ausencia de recursos, de liderazgos y de capacidades técnicas, generando normativas, regulaciones y proyectos urbanos que en última instancia, solo aumentan o agravan la inequidad existente.

Se trata, por lo tanto, de desarrollar nuevos paradigmas desde los cuales observar y construir la ciudad, más complejos y atingentes a las condiciones de realidad del Chile actual, exigente en las demandas sociales y políticas, exigido en aspectos sanitarios y económicos.

Estos nuevos paradigmas urbanos pueden ser construidos desde las experiencias regionales, donde lo urbano coexiste con lo rural en todos los ámbitos de los procesos de planificación,  diseño y gestión de la ciudad. Aspectos como el equipamiento de las ciudades o de sus diseños en términos de confort y belleza en consonancia con los espacios naturales que usualmente rodean los espacios urbanos, requiere de una mirada más consciente de los valores patrimoniales, naturales y culturales de ciudades en proceso de expansión. De estas necesidades deben derivarse modelos de gestión multiescalares, que atiendan a la especificidad de lo urbano-rural, desde su condición climática y topográfica, hasta aspectos de orden identitario y barrial.

Es cierto que muchos de estos temas han sido y continúan siendo ampliamente discutidos al interior de la academia, sin duda rescato este interés intelectual y profesional por abordar la problemática urbana con una mirada más amplia e integradora, gestada a partir de indicadores de desarrollo urbano, índices de calidad de vida urbana o de bienestar territorial, que son indudablemente útiles y objetivos; sin embargo, considero que es también indispensable que esta información adquiera materialidad en y para la sociedad chilena, que seamos capaces de potenciar cambios positivos que permitan acortar las brechas identificadas y crear agendas de desarrollo urbano a nivel regional y comunal para lograrlo.

Es loable que en tan poco tiempo desde su formación el Consejo de Desarrollo Urbano haya logrado generar instancias transversales de participación y discusión, integrando actores de la sociedad civil, la academia y la industria, conformando los primeros Consejos Regionales. De estas valiosas discusiones han emergido políticas públicas sólidamente fundamentadas en hechos concretos de la realidad, sobre las cuales deberemos avanzar en el tiempo futuro.

En este sentido, nos interesa particularmente recuperar la conciencia del buen vivir a partir de escalas más próximas, atendiendo a la experiencia humana en su nivel fundamental, más allá de la noción de progreso tradicional. No podemos, por ejemplo, obviar la realidad del flujo demográfico de las ciudades, especialmente a la luz de los efectos de las migraciones internacionales, la emergencia sanitaria global y de los efectos del cambio climático.

Planificar ese proceso, sin perder de vista la identidad de los espacios sociales desde donde surgen estos focos de desarrollo urbano y de los recursos naturales y culturales que permiten la expresión de su identidad, es una de las tareas más importantes que deberemos asumir y esperamos llevar esta discusión al Consejo Nacional de Desarrollo Urbano como representantes de la academia, desde realidad particular de La Araucanía y de la Universidad Católica de Temuco.

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