Opinión

“No podemos seguir mirando a la ciudad solo como forma, sin ver, en ella, al habitante e intuir los cambios que vienen”, Luis Felipe Sáez, Presidente Fundación Cohousing Chile

“No podemos seguir mirando a la ciudad solo como forma, sin ver, en ella, al habitante e intuir los cambios que vienen”, Luis Felipe Sáez, Presidente Fundación Cohousing Chile

Opinión de Luis Felipe Sáez, Presidente Fundación Cohousing Chile

07/26/2021

En junio la Fundación Cohousing Chile se integró a la mesa de organismos ciudadanos del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano (CNDU), aportando otra mirada a la planificación de las ciudades. Un foco que nos hacía falta y permite incorporar la opinión de quienes aportan en el desarrollo de políticas públicas centradas en el hábitat e iniciativas que conduzcan a mejorar las condiciones de vida y culturales para un envejecimiento activo u positivo.

Su presidente Luis Felipe Sáez, arquitecto de la Universidad de Chile con estudios en Geografía y Medio Ambiente, conversó sobre su anhelo de una ciudad más amable e inclusiva, donde las comunidades de adultos mayores activos puedan vivir, trabajar y practicar sus oficios, y más abierta a políticas públicas innovadoras a nuevos  modelos arquitectónicos, urbanísticos, propietarios y de gestión de viviendas individuales bajo una concepción comunitaria y colaborativa.

Sáez lidera un equipo conformado por Karen Herud Kuschel, Socióloga y Orientadora Familiar con Estudios de Postgrado (M.A.) en la Washington University, St. Louis, Missouri; Juan Carlos Sáez, agister en Ingeniería Industrial, mención Ingeniería Económica de la Universidad de Chile e Ingeniero Civil Industrial de la misma Casa de Estudios; Gabriela Rosay Stuven, Gestora cultural; PAULINA SABALL, Asistente social de la P. Universidad Católica de Chile, ex ministra de Vivienda y Urbanismo (2014-2018) y ex Subsecretaria de la misma cartera entre los años 2006 y 2010; y Raúl Vallés, arquitecto por la Facultad de Arquitectura Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República. En resumen, un equipazo que sin duda vale la pena escuchar.     

¿Qué valor tiene para la Fundación Cohousing sumarse a esta mesa de organismos ciudadanos que impulsa el CNDU y cuáles son sus expectativas?

Sumarse a esta mesa tiene mucha importancia. Como Fundación creemos que la ciudad es un tema país que escapa a políticas e intervenciones de corto plazo. Las decisiones que afectan la ciudad impactan, incluso por generaciones, el modo en que habitamos y percibimos nuestro entorno. Las intervenciones normativas y de política urbana tienen una dimensión social que es central también en nuestra fundación, al trabajar temas de viviendas intergeneracionales, o para personas mayores, con énfasis en la constitución y gestión de una comunidad de base.

El Consejo Nacional de Desarrollo Urbano es una instancia que convoca, más allá de la mirada técnica y/o política, a instituciones que promueven cambios que apuntan a mejorar la institucionalidad, a estudiar experiencias propias e internacionales y a la adaptación de las mismas a una realidad territorial distinta y en permanente cambio.

Asimismo, las relaciones de colaboración entre las distintas organizaciones de la sociedad civil que integran la mesa y que promueve el CNDU, constituyen un aporte que apunta en la misma dirección.

La vivienda intencional colaborativa, o Cohousing, requiere no solo de adaptaciones normativas sino también culturales. El postulado principal de nuestra fundación es que las viviendas intencionales colaborativas (Cohousing) conforman un sistema de innovación social para un hábitat integrado.

¿Cómo nace la Fundación Cohousing, por qué y con qué objetivos? ¿Cuál es la labor que realizan y si nos pueden compartir un ejemplo de la materialización de este trabajo?

La vivienda intencional colaborativa, especialmente con relación a su enfoque para las personas mayores y su dimensión adicional de intergeneracional, nace de la convergencia de dos temas centrales. Por una parte, la vivienda, la ciudad y, por otra parte, una población en rápido proceso de envejecimiento donde el mantenerse activo y valente, por muchos años, es una realidad que se empieza a dar también en Chile. Para ello hemos recogido experiencias de distintos países y detectado que el acompañar, este proceso natural, con acciones que tienden a mantener activos y valentes a los residentes/gestores del Cohousing mejora fuertemente índices de salud y bienestar.

La ciudad no siempre es amigable con la construcción de soluciones comunitarias aptas para lo que llamamos “vivienda universal”. La soledad, un problema social evidente en el proceso de envejecimiento, y la expulsión de las propias viviendas que se vuelven difíciles de mantener, especialmente en barrios apetecidos para otras intervenciones, afectan fuertemente a las personas mayores y otros habitantes que dejan de reconocerse en los entornos que ellos ayudaron a construir y que se vuelven ajenos en el transcurso de pocos años.

Fundación Cohousing Chile tiene por objeto, en primer lugar, difundir y fomentar el Cohousing como innovación cultural para un hábitat integrado. 

En segundo lugar, nuestro propósito es desarrollar experiencias reales de Cohousing en Chile.

En tercer lugar, y sin el propósito de ser exhaustivo, nuestro objeto es también, analizar y divulgar, con criterio independiente y crítico, los problemas filosóficos, políticos, sociales y económicos que interesan a la sociedad chilena en todas las materias relacionadas con el envejecimiento activo de su población, con especial énfasis en los desafíos de la vivienda y el urbanismo apropiado para una sociedad inclusiva, calidad de vida para los adultos mayores, cercanía a espacios de interés, paisaje y paisajismo, espacio público compartido.

Estos objetivos se reflejan las siguientes acciones realizadas o en curso, tales como diálogos abiertos para la ciudadanía,  la certificación internacional de la fundación como entidad de desarrollo de comunidades intencionales de vivienda colaborativa, el proyecto en desarrollo de diagnóstico y asesoría al SENAMA para diseñar posibles innovaciones en los Condominios de Vivienda Tutelada que administra.

A lo que se suma la elaboración de un proyectos de investigación mediante un laboratorio a escala para el Parque Caren de la Universidad de Chile donde se desarrollarán y probarán soluciones apropiadas multidisciplinariamente para impulsar la vivienda intencional colaborativa como enfoque integral para las personas mayores y su hábitat, y una comisión de expertos para realizar innovaciones a la Ley de Cooperativas con el objeto de potenciar su uso como herramienta para este tipo de vivienda comunitaria. El informe de esta comisión está por ser evacuado.

¿En qué ciudades o países existe este modelo y cómo son evaluados?

En Europa del norte nace un proceso de este tipo a finales de los años 60, de ahí su difusión en el resto del continente y en Estados Unidos. En USA, el enfoque es menos social y ha sido centrado en aspectos culturales que determinan su éxito a partir del conocerse y reconocerse en intereses compartidos que determinan los diseños y espacios comunes de convergencia, centrales al modelo del Cohousing. Los métodos de participación y gestión se diferencian del modelo de condominios cerrados donde la importancia sigue radicada en la solución habitacional individual y en el compartir principalmente gastos y preocupaciones de seguridad y mantenimiento.

La experiencia que hemos estudiado de más de cerca es la británica en la cual la participación y leyes abarcan una amplia gama de iniciativas a partir de miradas y gestiones municipales enfocadas en un buen vivir y enfrentar la soledad, incluso, como una enfermedad. En algunos municipios como Bristol y Brighton existen modalidades de intergeneracionalidad que mejoran fuertemente los índices de bienestar locales.

¿Ustedes tienen dentro de sus principios y valores promover la vida en comunidad? ¿Qué tan lejos estamos de planificar las ciudades o barrios desde la comunidad, cómo motivar a la ciudadanía en dicho compromiso y qué acciones deberíamos impulsar para fomentarla?

Este punto es central ya que no se trata de construir un condominio compartido sino vidas y actividades a partir de intereses, inquietudes y experiencias de vida que buscan converger en una comunidad. En la práctica se invierte así el proceso de diseño, ya no se busca solo una solución habitacional sino una experiencia. El construir comunidad es la base de este proceso y requiere de ingentes esfuerzos para converger en temas, inquietudes y propuestas compartidas. El ser capaces, después de una experiencia de vida, de defender intereses e inquietudes, el compartirlas y determinar el cómo y dónde hacerla es trasladar a la comunidad la responsabilidad de un proyecto que enfatiza su necesidad de autogestionarse y demostrar su vigencia. Especialmente para las personas mayores y también en los modelos intergeneracionales, regalarse un Proyecto es regalarse un futuro distinto al que la sociedad en su actual mirada ve simplemente como “carga”.

Estamos muy lejos de ello. La Fundación ha detectado en nuestro ordenamiento diversos obstáculos, tanto jurídicos como financieros. Pero el mayor desafío es probablemente cultural, el clivaje entre individuo (o familia) y grupo es fundamental en el éxito de la vivienda intencional colaborativa. El detectar y manejar los conflictos de todo grupo frente al individuo es la base de todo sistema de convivencia. Al igual que la ciudad y el barrio, la vivienda colaborativa va más allá del espacio, es un siendo o deviniendo desde la cultura también.

¿Las ciudades chilenas están diseñadas para los adultos mayores? En su página web tienen una publicación de titulada “Arquitectura para la Tercera Edad”. ¿Podría profundizar sobre dicho concepto?

Desde la ciudad hasta la vivienda, y los recintos que la constituyen, hay diversas escalas y conflictos que hacen muchas veces que la ciudad no sea amigable y que la vivienda, que fue respuesta para una familia, deja de serlo para una pareja o individuo solo. El abandonar la vivienda o el barrio en que se ha vivido puede constituir una decisión traumática, especialmente cuando es tomada por motivos económicos. Y la jubilación, así como gastos en salud e incluso mantención de la vivienda o seguridad, constituyen esos motivos. Ese cambio de vivienda, cuando es tomado en base a estos aspectos, es una forma de expulsión.  Distinto es cuando se decide, trasladarse a otro entorno geográfico o una localidad que ofrece otra forma de vida.

El recoger la experiencia de vida de gente que ha acumulado sabiduría e invitarlos a compartirla significa que el individuo desde su conocimiento e intereses puede seguir aportando al menos a su comunidad y, por ende, al país. La arquitectura para las personas mayores es en realidad una arquitectura universal, sin obstáculos para el simple proceso de entrar o salir de la vivienda, para poder vivir confortablemente desde el punto de vista térmico, luz natural, iluminación, etc., en rigor una vivienda pensada para todas las situaciones de vida, particularmente para cuidar a las personas mayores.

¿Desde su mirada como fundación qué aspectos urbanos deben ser incorporados en la nueva constitución?

La importancia de una ciudad amigable, que priorice al habitante y su participación, es tan fundamental como la relación que esta tenga con su territorio o un medio ambiente determinado. La ciudad es por sí sola una agenda social, a pesar de que nuevas tecnológicas vayan borrando la clásica diferenciación entre ciudad y ruralidad. El ser humano es eminentemente gregario y, aunque la tecnología pueda mediar en esta relación, la preocupación por y con el otro, y un medio ambiente armónico, es una prioridad para la calidad de vida y la proyección de la ciudad hacia un futuro que ya se asoma. No podemos seguir mirando a la ciudad solo como forma sin ver, en ella, al habitante e intuir los cambios que vienen.