Opinión

Las calles invisibles de las personas que caminan

Las calles invisibles de las personas que caminan

Opinión de Nicole Pumarino Orbeta y Karen Seaman Cuevas - La Reconquista Peatonal

08/17/2020

El 17 de agosto se conmemora mundialmente el día del peatón, promovido por la Organización Mundial de la Salud desde 1897 cuando una mujer en Londres, Bridget Driscoll, muere atropellada por un automóvil. Este hecho marcó un hito para la promoción de la seguridad vial y las responsabilidades de los distintos modos de desplazamiento. Más de ciento veinte años después, celebramos que se reconozca la importancia de andar a pie y que la pandemia promueva un impulso clave para que caminantes y ciclistas sean el centro de las transformaciones urbanas. Es el momento oportuno para revelar las muchas experiencias que vienen asociadas a la caminata y que -al igual que la seguridad vial, sanitaria y social- deben ser conceptos esenciales a partir de los cuales diseñar ciudades caminables.

A pesar de lo simple que parece, caminar es un acto complejo. Por un lado es un modo de desplazamiento, pero por otro es también una forma de habitar y de apropiarnos de la ciudad. Caminar implica detenerse, sentarse, conversar, mirar, relacionarse de distintas formas con otras personas y espacios; genera reflexiones y memoria, elucubra ideas e incluso resuelve problemas. Estas múltiples dimensiones que aparecen y se combinan cuando caminamos, las ponen de manifiesto las más de quinientas personas que hasta ahora han cargado en su mente o en su bolsillo un cuaderno de registro de experiencias de caminata de La Reconquista Peatonal[1]. Mujeres, niñas y niños, personas mayores, hombres, han registrado todo tipo de rutas, desde las cotidianas que repiten y saben de memoria, hasta las que exploran por primera vez. Caminatas de día, nocturnas, a la escuela, al trabajo, deportivas, sin destino, con muchos propósitos o con ninguno. Caminatas que conforman una red de calles invisibles que es imposible regular en manuales y guías porque requieren de estrategias únicas y situadas. Los relatos de quienes conquistan lo cotidiano a pie, construyen una visión colectiva y aportan nuevas perspectivas sobre el caminar.

Caminar es percibir estímulos. Quienes caminan observan, se fijan en el paisaje; un manchón de flores coloridas, las copas de los árboles, miro la cordillera. Perciben aromas; hay olor a pan caliente. Incluso tocan los lugares que atraviesan; cuando camino puedo acercarme y tocar las hojas. Evalúan el espacio público; me fijo en el estado de las calles, muchas no permiten el uso de sillas de rueda o coches, no son seguras ni tranquilas.

Caminar es improvisar. La ruta nunca es fija, cambia por voluntad o por necesidad, quienes caminan se adaptan constantemente -casi de manera inconsciente- al entorno. La elección puede variar por el clima; a veces prefiero el parque, es más largo pero más sombrío y verde. También se eligen rutas por comodidad; evito caminar donde hay postes de luz en medio de veredas estrechas. Y otras veces solo eliges caminar en zigzag, para cambiar de perspectiva. O siguiendo los semáforos en verde.

Caminar es una actividad compartida. Las caminatas acompañadas ocurren con niñas y niños, amistades, parejas, personas mayores. Aquí la relación del tiempo y el espacio cambia, es un momento para enseñar, para conversar, para jugar. Camino con mi hija. Voy demasiado atenta al comportamiento de los autos. Le enseño a moverse por la ciudad, a usar sus pies, ser independiente y autónoma en sus movimientos. A respetar a los demás, a saludar en la calle.

Caminar es jugar. Los espacios de juego no son solo las plazas. La calle y la condición móvil de la caminata permite ir encontrando nuevas cosas, colores, animales y plantas; con mi hija comenzamos a jugar a buscar autos rojos. Aparecen elementos que generan juego al caminar; caminar por la línea roja de las baldosas. Saltar los hoyos de la vereda. Leer en voz alta los números de las casas. Incluso despertar la imaginación; yo voy por el paso peatonal, me imagino que (la calle) es un lago y las líneas blancas son troncos.

Caminar es encontrar a otrxs. Salir a la calle y andar a pie permiten conectarse con personas que no conocemos pero con las que conectamos de manera fugaz; me gusta caminar por aquí porque me siento «acompañada» por los extraños. Hay una conexión con las personas desconocidas y a veces también son compañía; paseo sola pero me siento acompañada: gente toca música, hace malabares, niños juegan. Inclusive un soporte complementario; trato de no caerme, (en este recorrido) siempre hay alguien que me ayuda.

Caminar es un momento de transición. La caminata también cumple un rol importante en el cambio de actividades, de lugares, de emociones; el recorrido «de desconexión», a pesar de ser un traslado por motivos laborales es una alternativa para desconectar la mente y para regular la temperatura corporal. Su velocidad y escala dan la posibilidad de abstraerse, de pensar; caminar no requiere tanta concentración como moverse de otras formas, me permite pensar y eso es lo que más me gusta. Permite que nos transformemos en el camino; es mi espacio de libertad.

A partir de estas distintas voces que narran sus experiencias en territorios diversos, proponemos festejar hoy en 2020 un día de caminantes, una palabra que incluye a todas las personas, que habla de quienes se desplazan, habitan y experimentan la ciudad. Caminantes que desafían a planificadores y tomadores de decisiones a transformar nuestras calles y espacios públicos en lugares interesantes, flexibles, atractivos e inspiradores, capaces de generar memoria y significado.


[1] Organización que promueve la caminata, el registro y visibilización de cómo es la experiencia de quienes caminan en la ciudad. Conforma un archivo ciudadano sobre la vida cotidiana en el espacio público.  Más información en www.lareconquistapeatonal.org

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