Opinión

La irrupción de los sin motor

La irrupción de los sin motor

Opinión de Gloria Hutt, ministra de Transportes y Telecomunicaciones, consejera CNDU.

13-03-2019

Los nuevos escenarios de vida urbana presentan también demandas nuevas. La mayor movilidad de peatones, y la llegada de usuarios de múltiples categorías de ciclos, obligan a abordar los viajes no motorizados con una perspectiva diferente de la convencional. Si bien las caminatas tenían una presencia importante en el total de viajes en las ciudades, los demás modos en ciclos, hasta hace poco tiempo se asociaban más a recreación que a viajes urbanos compitiendo por las mismas vías.

Es fácilmente predecible un alto aumento de las tasas de crecimiento de los modos no motorizados en calles y veredas. La concentración creciente de población en ciudades transforma la superficie urbana en un recurso escaso y valioso. Menos áreas disponibles, a mayor precio, resultan en viviendas de menor tamaño. Un patio propio será cada vez más, un lujo difícil de alcanzar. En su reemplazo, será el espacio público el que se encargue de proveer las áreas de descanso y recreación que los ciudadanos requieren.

Con mayores exigencias de calidad, las personas esperan disponer de áreas públicas que les permitan disfrutar de la ciudad en toda su extensión. Se hace necesario entonces actuar en dos frentes principales. El primero, compactar los viajes favoreciendo el uso de modos masivos de transporte público, liberando así el espacio que requieren las personas en las vías. El segundo, reservar las áreas destinadas al uso público y regular su uso, estableciendo prioridades y reglas para compartirlo en armonía.

En el ámbito normativo, debemos avanzar en las definiciones de nuevos modos y su especificación. El dinamismo de su desarrollo obliga a revisar las metodologías con que estas definiciones se han llevado a cabo en el pasado. La irrupción de nuevas modalidades (por ejemplo, los scooters o bicicletas eléctricas), no tiene posibilidad de ser abordada en forma ágil utilizando los procesos vigentes. Creemos que mecanismos de definición rápida y normativa transitoria ayudarán a abordar en la práctica esta necesidad no resuelta, puesto que la indefinición sólo perjudica a los usuarios de todos los modos.

Adicionalmente debemos preparar el entorno adecuado para la circulación peatonal masiva. A estos criterios responde por ejemplo la recomendación de mantener la calle Bandera para uso no motorizado, a pesar del evidente valor que el paso bajo Alameda tiene para la conectividad norte-sur en esa zona. La disponibilidad de una nueva línea de metro que permite conectar viajes a múltiples destinos, facilitó esta decisión. Miles de personas usan diariamente la calle extendida, disfrutando del entorno de colores con que ha sido intervenida. Al mismo tiempo, la continuidad de Bandera hacia el sur permite integrar áreas de Santiago que a pesar de encontrase a corta distancia, se vinculaban con dificultad. Ese es el caso del acceso desde el centro a las tiendas de libros y más al sur, de bicicletas.

Los no motorizados llegan con fuerza y configuran una ciudad diferente, potencialmente muy grata de habitar. Aun así, quedan pendientes algunos asuntos fundamentales para avanzar hacia ese objetivo. El primero es desarrollar conciencia en los ciudadanos respecto a la creciente necesidad de compartir el espacio de manera armónica. La Ley de Convivencia Vial es una invitación a eso. La segunda es la adaptación de los sistemas normativos para anticipar nuevos modos, realizar pruebas y establecer normas de uso en un plazo breve.

Finalmente, queda el desafío de ordenar y hacer eficiente la circulación de los vehículos motorizados. Se abren opciones exploradas hasta ahora en nivel de estudios preliminares, como, por ejemplo, restricciones de circulación o mecanismos de precios por uso de las calles.

Las decisiones que se adopten respecto a estos temas, tendrán un impacto directo sobre la calidad de vida urbana en el futuro cercano.